
Por estos días escucho música cubana: Chan chan, El cuarto de Tula, Hasta siempre comandante, El carretero… me imagino el Buena Vista Social Club y cada momento que pasa y la escucho me transporto a un mundo lleno de misterios, de color, de olor a tabaco y de calles antiguas que solo terminan en noches de recuerdos sin retorno, porque son solo eso…recuerdos. No concibo a Cuba sin Fidel; esa imagen mística y decrépita que junto al Che Guevara gestaron a la Cuba revolucionaria, de la cual solo quedan recuerdos… ”De alto cedro voy para Macané…el cariño que te tengo no lo puedo negar, se me sale la babita yo no lo puedo evitar...”.
No soy cubano, pero admiro esa fuerza casi religiosa por sobrevivir; y también por luchar lo que Martí y Guillén ensalzaron en sus poemas. Pero la sigo escuchando y recuerdo que cuando niño, Manuel, mi tío me la hacía escuchar en esa radio casi inédita y siempre colgada de la pared, no eran estas tonadas, sino otras, también muy buenas…”Al cuarto de tula le cogió candela se quedó dormida y no apagó la vela…vengan los bomberos con mucha manguera que al cuarto de Tula le cogió candela…”.
Estoy casi en el éxtasis de mis recuerdos y de la música, que revolucionan cada momento de mi vida en esta noche de “Cuba libre” que se va quedando en el fondo invisible y transparente…Casi así, transparente y furtivo, casi sin llenar, sin ser, se quedan los recuerdos y la música, y se va apagando la noche, ya no queda nadie, ni Cuba.
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